Violencia Escolar: ¿Estudiantes o Delincuentes?

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Violencia Escolar: ¿Estudiantes o Delincuentes?

 

La violencia escolar se ha tomado la primera plana de las noticias. Hemos presenciado actos vandálicos y de represión que solo han contribuido al aumento en la escalada de violencia reprochables por lado y lado; desde los estudiantes hacia las autoridades y viceversa.

Es muy necesaria la correcta definición de lo que significa violencia, para realizar un análisis riguroso, objetivo y eficaz acerca de la situación contingente que se vive en las escuelas. Esta definición no debe surgir desde el impulso intuitivo que nace entre los mismos actores que participan del acto violento. Al contrario, esta definición debe ser delimitada conceptualmente a través del uso de estudios validados que permitan objetivar los datos. Para decirlo de manera simple. No podemos poner a todos en un mismo saco.

La delimitación conceptual por demás es una de las primeras dificultades que se plantea porque es común encontrar, bajo la etiqueta de violencia, distintos fenómenos: agresividad, impulsividad y delincuencia.

Podemos referirnos al fenómeno de la violencia, como concepto, con una doble connotación: es acción o comportamiento y a la vez una disposición, capacidad o atributo psicológico. La acción violenta es el resultado concreto de factores individuales y situacionales.

Debido a su multicausalidad, puede afirmarse que una conducta violenta, en tanto acción, no es predecible, pero si podemos estimar, de forma estadística, su ocurrencia.

La acción violenta es deliberada y voluntaria con el objetivo de producir daño o malestar. No obstante, la decisión de actuar violentamente se ve influida, no causada, por un conjunto variado de factores entre los que se incluyen: factores biológicos, psicológicos y sociales.

Como una disposición a la conducta violenta, es posible encontrar explicaciones avaladas en estudios empíricos que provienen de investigaciones concretas respecto de su origen. en cinco grandes posiciones:

  1. La conducta violenta se aprende. La teoría del aprendizaje es considerada en la actualidad como la explicación más completa de la conducta delictiva. Realza el papel de la imitación y la expectativa de la conducta.

  2. Existen rasgos característicos e individuales que la predisponen.

Las investigaciones sobre las diferencias individuales y delincuencia han puesto en relieve la asociación de la conducta antisocial con factores asociados al funcionamiento cerebral y procesos neuroquímicos, alta impulsividad, propensión a la búsqueda de fuertes sensaciones de riesgo, baja empatía y locus de control externo.

Las combinaciones de cada individuo y sus características personales y de las experiencias del ambiente condicionarían los diversos grados de adaptación individual y también de la posible conducta antisocial por un marcado retraso en los procesos de socialización.

  1. La conducta violenta constituye reacciones a vivencias individuales de estrés y tensión. Al respecto una perspectiva clásica en la psicología es la que conecta frustración con agresión. Un niño que es educado en un ambiente violento aprende a responder de la misma manera.

  2. La implicación en actividades violentas y delictivas es el resultado de la ruptura de los vínculos sociales. Es posible señalar, según lo avalan los estudios realizados, de que cuanto menores son los lazos emocionales con personas socialmente integradas, mayor es la implicación de un sujeto en actividades delictivas.

  3. El inicio y el mantenimiento de la carrera delictiva se relacionan con la edad de inicio, siendo la infancia y la adolescencia períodos críticos para que se instalen como modos de acción del individuo.

Los contextos sociales a través de los cuales los jóvenes se unen a la sociedad, como la familia, la escuela, el grupo de pares, grupos deportivos, etc. son esenciales como modelos de interacción. De aquí surge la importancia de crear bases sólidas y permanentes para que el niño construya una imagen de si mismo y de la sociedad apoyada en conductas socialmente adaptadas y que faciliten el curso de su desarrollo integral.

La familia es el pilar fundamental para el desarrollo sano, psíquico y físico, de cualquier individuo. Sin embargo, los lazos emocionales de admiración e identificación con otras personas también pueden ser provistos por el colegio, en especial con el profesor a cargo de enseñar a un niño. El compromiso con objetivos sociales, las creencias o conjunto de convicciones favorables y contrarios al delito y la violencia también pueden ser modelados por una figura significativa como la del docente.

En definitiva, la delincuencia es un fenómeno multicausal, complejo y requiere de intervenciones en distintos niveles y de profesionales de diversas áreas para abordarla. Es un problema de salud pública que se ha tomado los colegios, en especial los llamados emblemáticos, y que está llegando a un límite insostenible. Tanto la conducta violenta como la delincuencia deben ser definidas y abordadas para evitar su ocurrencia y desarrollar modelos predictivos que nos anticipen la posibilidad de que surjan como una forma de manifestar la disconformidad ante un sistema ya sea familiar, educacional o de otra índole.

El rol de los adultos, ya sean padres, profesores y/o autoridades es el único que no debe estar en discusión. El adulto es quien entrega herramientas, el modelo, el que muestra a través de sus actos y de sus palabras cómo debe un niño o un adolescente regular sus emociones. Nuestro cerebro no tiene aún desarrolladas las funciones neurofisiológicas que nos permiten auto regularnos. No al menos antes de los 20 años y más.  Intentar manejar una conducta violenta que puede llevar a cometer delitos, mirados solo desde el punto de vista legal, no rendirá los frutos esperados. Sólo la mirada multicausal es la respuesta.

 

Ps. Jacqueline Deutsch G.

  • Curt R. Bartol- Anne M. Bartol «Comportamiento Criminal, una perspectiva psicológica» 2017.

  • García, José E. «El Comportamiento Criminal desde un punto de vista evolucionista» Persona, núm. 18, enero-diciembre, 2015,pp.27-46. Lima, Perú.

  • «La Predicción de la Violencia». Papeles del Psicólogo, 2007. Vol. 28(3), pp. 145-146.  http://www.cop.es/papeles.  Ministerio de Educación y Ciencia del Gobierno de España.

 

2019-07-11T18:04:41+00:00julio 6th, 2019|Educación, padres|0 Comments

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