Celos Infantiles: Una Experiencia Adaptativa

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Celos Infantiles: Una Experiencia Adaptativa

Los celos, ya sea en niños o en adultos, son una experiencia subjetiva que puede estar basada en hechos reales o imaginarios. En los niños, por ejemplo, es normal que experimenten celos cuando nace un hermanito/a, ya que debe compartir la atención y el mismo espacio afectivo que antes les pertenecía. En cierto modo, puede ser una conducta adaptativa en la medida que reclaman lo que antes era solo de ellos. Normalmente cursan episodios manifiestos de envidia, resentimiento y frustración. Sin embargo, el temor de perder el afecto de los padres puede llevarlos a percibir la realidad en forma distorsionada pues interpretan el ambiente como amenazante lo cual agrega una carga negativa que puede incrementar en el niño baja autoestima, cuadros ansiosos y temor.
Los celos pueden ser causados por diferentes motivos, pero hoy sabemos que las características en el temperamento de cada niño pueden ayudar a prevenir o bien tomar medidas necesarias para evitar el sufrimiento cuando aparece la conducta celosa. Al ser estos partes de su temperamento, poseen también una carga genética y no sólo ambiental.
Algunos estudios avalan la hipótesis de que los niños con temperamento sensible, detallista, metódico y con esquemas bastante rígidos y poca tolerancia a los cambios, podrían presentar celos ante la llegada del hermanito/a. A veces la dificultad de expresar con palabras sus sentimientos (menores de 4 años), hace que “actúen” los celos a través de “pataletas” o conductas que antes no manifestaba, reclamando su lugar. O bien por la dificultad que significa adaptarse a los cambios en el estilo de interacción dentro de la casa y con la familia.
El momento evolutivo es importante cuando pensamos que un niño puede experimentar los celos con mayor o menor intensidad. En etapas tempranas donde se consolida el apego (de cero a dos o tres años aproximadamente) el niño es especialmente sensible. Cabe destacar aquí que, a lo largo del ciclo evolutivo, va recibiendo influencias que determinan su seguridad emocional: en las primeras etapas, el contacto físico con su madre (como la principal figura de apego), la capacidad que tiene esta de sintonizar con su bebé y satisfacer sus necesidades básicas, sientan las bases para el desarrollo de un apego seguro. Cuando este primer paso dentro de la construcción de un apego seguro no se ha logrado, las probabilidades de que el niño manifieste los celos a través de conductas más desorganizadas son mayores. El apego es un factor determinante a la hora de hablar de la seguridad emocional, la tolerancia al estrés y la adaptación a los cambios (entre otras) que experimenta un niño cuando nace un hermano.

Alguna de las manifestaciones de los celos pueden ser:

• Envidia
• Terquedad
• Baja autoestima
• Problemas de adaptación y socialización
• Introversión excesiva
• Alteraciones en el sueño que antes no existían
• Regresión a etapas previas en su desarrollo (por ejemplo, pérdida secundaria del control de esfínteres o volver a chuparse un dedo, etc)
• Desajustes a la realidad percibida (distorsión cognitiva). El niño puede interpretar situaciones que en sí mismas no generarían celos o envidia pero que, debido al estado hiper sensible en el cual se encuentra, puede interpretarlas de manera negativa,
Estas son solo algunas de las manifestaciones que se observan. Lo importante es destacar que los celos son normales y corresponden a una conducta adaptativa al momento que vive el niño. Las características antes mencionadas no corresponden a todas las manifestaciones que pueda presentar como tampoco deben estar todas presentes. Lo importante aquí es observar las conductas de cada niño y así estimar si hubo o no cambios significativos y, sobre todo, el tratar de entender que estos cambios son pasajeros cuando son bien manejados.

¿Cómo prevenir los celos?

Para esto no hay recetas, sin embargo, es posible hacer algunas sugerencias al respecto:
• Mantener al hermano informado sobre los preparativos y el nacimiento del hermanito de forma que se sienta integrado al sentimiento familiar y el ambiente general que rodea la llegada de un nuevo miembro a la familia
• Explicarle lo que va a suceder cuando el hermano llegue a la casa, donde va a dormir y por qué es necesario que esté con la madre la mayor parte del tiempo. También los cambios de hábitos y de actividades dentro del hogar. El propósito es ir preparándolos para lo que está por venir.
• Recordar siempre transmitirles afecto y atención para que no sienta en riesgo el espacio afectivo, en especial con la madre. El contacto físico y el apoyo emocional en momentos en los cuales usted perciba que el niño se siente más vulnerable. Esto minimiza el riesgo de conflictos posteriores por celos al hermano.
• Que la acompañe a comprar las cosas para el bebé. Permítale que él también elija algo de lo que su hermanito vaya a usar (ropa o juguetes)
• Muéstrele fotos y/o videos de cuando él nació. Así sabrá que él también fue recibido con la misma expectación
• Una vez que ya haya nacido, permita que se involucre directamente en algunos cuidados. Tomando todas las precauciones posibles, bien sentado y con usted al lado, deje que tome a su hermanito. Que la ayude al mudarlo, a pasarle los pañales o cremas si son necesarias.
• Tenga cuidado con los comentarios que a veces hacen los que visitan al bebé, decir cosas como “es el bebé más lindo que he visto” o cosas por el estilo.

Es un periodo extremadamente sensible y está muy atento a la opinión que tienen los demás respecto de su hermanito.

En general es recomendable tratar, dentro de lo posible, de mantener ciertas costumbres que para el niño son importantes y que usted sabe que son en especial positivas en la comunicación emocional con su hijo, como puede ser el acompañarlo antes de dormir o contarle un cuento.

El nacimiento de un hermano implica un desarrollo trascendental en el mundo emocional de la vida del niño. Lo prepara para aprender a compartir el amor y la atención de los otros, en especial el de la madre, le enseña a tolerar frustraciones, a desarrollar la empatía y a saber esperar cuando hay alguien, en este caso su hermanito, que tiene necesidades más inmediatas que las suyas.

Quizás uno de los aspectos más complicados de poder manejar es, para los padres, lidiar con las peleas entre hermanos. Especialmente porque las intenciones son controlar la situación y evitar que siga en escalada la discusión entre ellos. En este intento no es extraño que perdamos nosotros el control, intervenimos y termine uno de los dos sintiéndose el ganador de la discusión.

Lo mejor es hacer nuestro mayor esfuerzo por controlarnos nosotros y para esto hay que estar muy consciente de cuál es nuestro estado anímico, de manera que esto no termine siendo una discusión entre la madre/padre y los hijos, se requiere de bastante fortaleza para no enganchar en esta situación, pero se puede lograr si pensamos antes de actuar.

Si hemos tenido un mal día, evitar intervenir hasta que estemos clamados y podamos ver el panorama general con tranquilidad.Uno de los mejores ejercicios de convivencia para el futuro es la relación que se establece entre hermanos. Es normal que peleen, aunque las agresiones verbales y físicas, no debieran permitirse. La manera en que los padres enfrenten esta situación es el modelo que los hijos utilizarán ante situaciones similares cuando sean más independientes y adultos.

Recuerda respirar profundo. La crianza y la educación no son fáciles, pero se puede si ponemos conciencia en nuestros actos y les enseñamos a nuestros hijos como enfrentar las discusiones.

Ps. Jacqueline Deutsch G.

2018-11-26T02:31:37+00:00noviembre 26th, 2018|Niños, padres|0 Comments

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